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Domingo 3 de agosto de 2025
Bic ent enario
BOLI V I A A
BOLI V I
Sin ellas,
CECILIA TERRAZAS RUIZ
ES COMUNICADORA
SOCIAL, POETA Y
ni pan ni país
FEMINISTA
Invisibilizadas por la te de cada diez casos, hacer filas de
historia, las mujeres visita los jueves y domingos fuera de
las cárceles, o pararse frente a los
bolivianas han sido, juzgados durante años para exigir
son y serán el soporte, justicia porque mataron a sus hijas.
La estadística dice que cobran, en
sustento y fuerza promedio, casi un 28% menos que
de la sociedad los hombres por la misma jornada
laboral; que cada año se denuncian
más de 50.000 casos de violencia co-
metidos contra ellas; y que menos
del 40% están afiliadas a un sistema
o hay hazaña mayor de pensiones. Cada cifra es real:
que resistir el olvido, cada feminicidio, cada brecha sala-
dicen; pero tampoco rial, cada niño criado en soledad.
hay desafío más ur- Aquí no hay metáforas; no caben.
Ngente que arrancarle A pesar de eso, cuidan niños y an-
la voz al silencio. A pocos días del cianos, cocinan, reparan, construyen,
Bicentenario, el relato suele repetir- siembran, venden, compran y regate-
se con escasos matices: flamean an. La sociedad todavía debate cuáles
banderas, nombres ilustres surcan son o no “sus roles”, pero la realidad
los discursos, y la bolivianidad se muestra que, sin ellas, ni la casa ni el
instala desde lo estético hasta lo país se mantienen en pie una sema-
anecdótico. Por mucho que en las na; y, sin duda, Bolivia se parece mu-
aulas se nombre a Juana Azurduy — cho más a esas mujeres que a la hoja
y su rol incuestionable de coraje y li- de ruta bicentenaria.
bertad—, a las mujeres bolivianas Volvamos a la historia, que, como
les reservamos pocas páginas de la sabemos, no se construye sola; al-
historia, desde la colonia hasta la guien se ocupa, todos los días, de avi-
que se construye día a día en pleno var los hilos que la sujetan. Son ellas,
siglo XXI. las mujeres, quienes transmiten la
Más allá de la epopeya, toca re- lengua materna, la receta perdida, la
pensar la narrativa. Bolivia no sería fe en los ritos, la danza que congrega,
Bolivia sin las mujeres que la sostie- la memoria como diario y como es-
nen a puro músculo y osadía, como pejo; sosteniendo así el mercado, el
quien sostiene el agua y la harina aula, la olla, los afectos.
para que el pan no falte en la mesa. El problema —si es que hay solo
No se trata de una analogía épica ni uno— es el lugar que les reservamos
de retórica festiva, sino de una prosa en la memoria colectiva, ese que está
dura, cotidiana: mujeres que cum- en los márgenes, en el murmullo,
plen dobles y triples jornadas; que como si el país se construyera sin
cultivan la tierra y luego atienden el ellas. Tal vez el desafío del Bicentena-
hogar; que combinan trabajos infor- rio no sea encontrar nuevas heroínas
males y emprendimientos noctur- para la galería, sino aprender a mirar
nos para mantener a sus familias; que la verdadera historia está hecha
que después de largas horas en ofi- por las que no figuran.
cinas se vuelven cuidadoras y maes- Celebrar a las mujeres bolivianas
tras en sus hogares; que trabajan en este particular 6 de agosto significa
casas ajenas y siguen con labores in- reconocer, de una vez por todas, que
visibles en las suyas; que van al mer- son ellas quienes urden, cuidan, de-
cado y vuelven esquivando carencia fienden y reinventan la patria; porque
y cansancio; que juntan lo poco sin ellas, la historia y la esperanza se-
para que alcance. rían apenas la sombra de un país que
Las vemos —no las miramos— se hace, se deshace o está por hacer-
encarnar la jefatura de hogar en sie- se, pero esa es otra historia.

