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Domingo 3 de agosto de 2025
Bic ent enario
BOLI V I
BOLI V I A A
Bolivia, primera
declaración
de amor
ALEX AILLÓN VALVERDE n formas eternas de la soledad. Aquí las
ESCRITOR cosas no son bonitas, como en otros
olivia no tiene grandes lugares en los que sí son bonitas las co-
avenidas, tampoco gran- sas. Bolivia tiene ciudades horrorosas,
des museos, no tiene una selvas y ríos desproporcionados, almas
semana de la moda como miserables, fiestas sobrenaturales. Yo
BParís o New York. No, tam- veo a mi patria y me conmueve su
poco tiene mar. Bolivia no recuerda monstruosidad. La miro como Fran-
muchas cosas, tiene mala memoria, kenstein miraría a su criatura, como el
tiene el vicio del beso fácil, del discurso rabino vería la torpeza melancólica de
inútil, de la noche que de tan noche es su golem. La veo y me digo: ¡carajo, de
todas las noches. Bolivia es la noche dónde tanta fuerza! Yo le deseo al
trasnochada. En Bolivia no se habla un
mundo un país como el mío. Para hu-
INTERNET solo idioma, para qué, si podemos ha- manizarlo en el mejor de los sentidos.
Para que sienta no un país que te da
blar millones. Vivimos nuestra condi-
ción babélica con orgullo. No nos en- Mac Donald’s, no un país que te da
tendemos, tampoco queremos. Cada Calvin Klein, no un país que te da
Amor a la es imposible de catalogar, una que ini- sino un país que te da la mano, pura,
muerte, no un país que te da miedo,
quien tiene su propia lengua, una que
cia con el impulso del primer silencio.
firme, abierta, como se da la mano. Es
cierto, he visto horizontes maravillosos
Bolivia tiene problemas de diseño, le
boliviana cuesta caminar derecho, lo nuestro no en otras partes, confines indecibles en
es la recta sino la curva. No vemos
la portentosa pradera americana, soles
para creer, creemos para ver. Gracias a
de piedra en México, volcanes rugien-
do la vida en Ecuador, la eternidad na-
Dios (si es que acaso algo así existe) la
filosofía, tal como la entendía Hegel,
“naves ardiendo más allá de Orión”,
pasó por aquí y se dio media vuelta ciendo en el delta del Tajo en Portugal,
como un perro asustado con la cola pero jamás algo como Bolivia, jamás
CAMILA URIOSTE n ESCRITORA todo el cosmos y nos alegra, nos entre las piernas. Aquí la miseria y la un país que se sostenga sobre la nada,
uedo hablar de la con- emociona, tratamos de nombrar las lluvia envejecieron en las calles. Bolivia jamás algo que flote en el vacío con la
cepción nacional del estrellas, reconocer las constelacio- no tiene jets supersónicos, ni drones gracia de una esfera eterna. Es cierto,
amor en el Montículo nes. Es esa la Osa Mayor, nos pre- que vuelen a control remoto desbara- Bolivia no tiene muchas cosas, no tie-
de La Paz. Allí donde el guntamos, es esa Sirius. tando la vida alrededor del globo. Pero ne grandes avenidas, ni grandes mu-
Phombre que amo me Amar es en los techos rojos de aquí los hombres y las mujeres simples, seos, ni una semana de la moda como
encontró, donde lo reencontré, una iglesia de Sucre, mirando las te- los hombres y las mujeres de a pie, los París o New York, pero ya la tendremos
donde nos despedimos tantas ve- jas como olas marinas, o desde un hombres y las mujeres sencillos y sen- y cuando esto ocurra todo se irá al in-
ces. Estás más flaco. ¿Nos volve- rascacielos en La Paz, o en la carre- cillas, salen a la calle y consiguen que fierno, como el rock and roll, como la
remos a ver? Te extrañé. Voy a ex- tera. Amar en carretera es muy boli- su protesta se vea en todo el universo revolución, como las utopías, como se
trañarte siempre. El amor en el viano. Transitar carreteras diversas: como una gran fogata que alumbra las van todas las cosas buenas de la vida.
Montículo es estar sentados, en La Paz-Oruro, La Paz-Cochabamba,
silencio, de noche, mientras la Oruro-Potosí, Oruro-Uyuni, Potosí-
ciudad gira a nuestro alrededor y Sucre, Sucre-Samaipata, Samaipata-
las estrellas no están arriba sino Santa Cruz. Te aprendes las curvas,
en frente, trepando el Illimani. las piedras sagradas, los restos de ac-
El amor en un río de Chuquisa- cidentes que nadie pudo recuperar.
ca, en una quebrada de aguas lim- Aprendes a hablar, a comer, a cantar,
pias, con rocas enormes para acos- a tomarte selfies de carretera que
tarnos al sol, con piedras pequeñas posteas luego con leyendas cursis.
de colores para guardar en los bol- Aprendes a sonreír cuando el hom-
sillos. Caminar por la quebrada bre que amas detiene el auto para re-
buscando piedritas, mirando cómo coger eucaliptus de un árbol, o para
la luz viaja a lomo del agua, cami- tomar una flor lila, o una ulala que
nar amando la espalda húmeda del vio por la ventana porque sabe que
hombre de pelo largo que camina te gustan. Amor a la boliviana es
adelante, guiando. Allí, en luna chocolate amargo intenso. Es dejar
nueva, una noche de abril, por tres chocolates en la maceta del ár-
ejemplo, el cielo despejado muestra bol de palta un día de tristeza.

