Page 36 - 14 de Septiembre del 2025 - La Razón
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2. Escape
ingún país se escribe so-
lo. Cada generación ne-
cesita su mesa, su
lámpara encendida, su
puñado de cuadernos y
una comunidad que crea
que una página bien es-
Ncrita puede mover un mi-
límetro el mundo. Pluma y Fuego nació
en 2024 con esa certeza y con un gesto
sencillo: abrir la puerta para que jóvenes
de Bolivia encuentren en la literatura no
un pasatiempo, sino un oficio y un lugar
de pertenencia. No prometemos fama ni
atajos. Prometemos trabajo, lectura, con-
versación y la íntima alegría de ver cómo
una frase encuentra su forma.
Desde el inicio tuvimos claro el tono:
rigor con ternura. La revista es, a la vez,
programa cultural, semillero y casa edi-
torial en pequeño. Es un laboratorio de
escritura donde se mezclan talleres, clí-
nicas de edición, clubes de lectura y lec-
turas públicas. Se pule la música de la
sintaxis, se aprende a cortar un párrafo
a tiempo, se ensaya la respiración de un
verso y se piensa la ética de firmar un tex-
to: por qué decimos lo que decimos, qué
responsabilidad tenemos con los otros,
de qué manera la literatura cuida lo que
nombra. Quien llega con timidez descu-
bre que el error no es un juicio, sino una
estación de paso; que revisar es otra for-
ma de amar lo que se escribe.
Alrededor de ese corazón pedagógico
creció una comunidad. No existe Pluma
y Fuego sin los amigos que se volvieron
equipo: Carlos Peñaranda Azad, José
Manuel Velásquez Céspedes, Alfonso
Mancilla y Óscar Coaquira Ali, entre
otros, sostienen la mesa con su experien-
cia. Corrigen con precisión, comparten
lecturas, escuchan borradores al amane-
cer y hacen lo más difícil: cuidar la fragi-
lidad de la primera página sin apagar la
chispa de quien se anima por primera
vez. La exigencia convive con el abrazo;
la alegría, con la disciplina.
Ese cruce entre afecto y método pro-
dujo voces que hoy caminan con paso
propio. Entre ellas, Alexandra Fabiana
Chávez Flores ha trabajado la memoria Pluma y Fuego:
de El Alto con la paciencia de quien sabe
que la ciudad no es una postal, sino un
archivo vivo de gestos, silencios, ferias,
rituales y madrugadas. Sus textos son
una prueba de que la literatura puede donde una voz
criticar para cuidar: mirar de frente lo
que duele sin renunciar a la ternura. Co-
mo ella, otros y otras jóvenes están
aprendiendo a poner el oído donde antes
había prisa, a llamar por su nombre a lo enciende a otra
que suele pasar de largo.
Creemos que escribir es un acto pú-
blico. No porque busque vitrina, sino
porque construye ciudadanía. Un cuento
Domingo, 13 de septiembre de 2025

