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LA RAZÓN OPINIÓN DOMINGO,
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31 DE MAYO DE 2026
#FUERADECONTEXTO 2 CLAUDIO ROSSELL ARCE
Decían los antiguos, al
hablar de esfuerzos vanos,
que eran como poner
puertas al monte o techo a
la selva; es que la
naturaleza no puede ser
contenida y se asegura de
que la vida brote en los
lugares menos pensados y
de las maneras más
sorprendentes. Exactamente
lo contrario de muchos
emprendimientos humanos.
Foto: Claudio Rossell Arce
SOCIOLOGÍA DE LA VIDA COTIDIANA 2 RICARDO V. PAZ BALLIVIÁN
Legado
ivimos en una época obsesionada contarán sobre nosotros. En una de sus refle- obra silenciosa. Uno es lo que ha sido. Es el
con lo inmediato. La velocidad de la xiones más conocidas, el sociólogo Zygmunt sendero que recorrió, las convicciones que sos-
información, la fugacidad de las ten- Bauman advirtió que la modernidad líquida tuvo, las luchas que libró y los frutos que co-
Vdencias y la ansiedad por el presente tiende a volver transitorias las relaciones, los sechó a partir de lo que sembró. La existencia
parecen haber reducido el horizonte de nues- compromisos y las identidades. Todo parece humana es efímera y el tiempo termina por al-
tra existencia al instante. Sin embargo, hay destinado a durar poco. Frente a esa volatilidad, canzarnos a todos. Pero hay algo que puede
Ricardo V. Paz una pregunta que, tarde o temprano, termina el legado adquiere un valor aún mayor, porque sobrevivir a nuestra ausencia y aquello es la
Ballivián alcanzándonos a todos: ¿qué quedará de nos- representa precisamente aquello que resiste al huella que dejamos en la memoria de quienes
es sociólogo otros cuando ya no estemos? olvido. Es el puente entre una vida individual y continúan el camino.
Desde la sociología de la vida cotidiana sa- la continuidad de la comunidad. Ahora bien, existe una dimensión del lega-
bemos que la vida humana no se construye Los antiguos griegos comprendían bien do que trasciende incluso las obras, los reco-
únicamente a partir de grandes aconteci- esta idea. Para ellos, la inmortalidad no con- nocimientos y las causas defendidas. Tiene
mientos históricos. Como señalaba Alfred sistía necesariamente en vivir para siempre, que ver con el amor. Con el amor que recibi-
Schütz, la realidad social se teje en las peque- sino en ser recordado. Permanecer en la me- mos, ciertamente, porque nadie construye su
ñas acciones de cada día, en los gestos apa- moria colectiva era una forma de trascender vida sin el afecto, la confianza y el apoyo de
rentemente insignificantes, en las decisiones la muerte. Siglos después, la misma intuición otros. Sin embargo, el legado más profundo
rutinarias que van configurando nuestra iden- sigue vigente. Al final, lo que sobrevive no son suele encontrarse en el amor que fuimos ca-
tidad y nuestro lugar en el mundo. Somos, en nuestras posesiones ni nuestros títulos. Tam- paces de entregar. En la generosidad de nues-
gran medida, aquello que hacemos repetida- poco los aplausos circunstanciales. Lo que tro tiempo, en la lealtad de nuestra amistad,
mente. Por eso el legado no es una cuestión permanece es el recuerdo de lo que fuimos en la ternura ofrecida a quienes compartieron
reservada a héroes, gobernantes o personajes para los demás. El legado tiene, además, una nuestro camino, en la capacidad de aliviar el
célebres. El legado es una construcción coti- dimensión ética. Cada generación recibe una dolor ajeno y de celebrar sinceramente la feli-
diana. Se encuentra en la palabra que orientó herencia material, cultural y moral de quienes cidad de los demás. Porque las personas olvi-
a un hijo, en la enseñanza transmitida a un la precedieron. Somos beneficiarios de esfuer- dan muchas veces nuestras palabras y aun
alumno, en la solidaridad brindada a un des- zos ajenos que hicieron posible nuestro pre- nuestras acciones, pero rara vez olvidan cómo
conocido, en la causa defendida cuando re- sente. Del mismo modo, estamos llamados a las hicimos sentir. Y es precisamente en esos
sultaba incómodo hacerlo. Cada persona deja entregar algo a quienes vendrán después. Han- vínculos, tejidos con amor, respeto y entrega,
una huella. La diferencia radica en la profun- nah Arendt sostenía que toda acción humana donde suele perdurar la huella más duradera
didad de esa marca. tiene la capacidad de iniciar algo nuevo en el de una existencia. Al final, el amor dado es
José Ortega y Gasset afirmaba que mundo. Esa capacidad creadora implica tam- quizás la forma más pura y trascendente del
"yo soy yo y mi circunstancia". Nues- bién una responsabilidad y es la de dejar un legado humano.
Cada generación tra existencia es inseparable del con- mundo mejor del que encontramos. Cuando todo lo demás desaparece, quedan
recibe una texto que nos rodea, pero también de Por ello conviene detenerse, aunque sea por los testimonios, los recuerdos y las enseñanzas.
herencia material, la forma en que decidimos actuar un instante, en medio de las urgencias diarias, Queda la historia que otros contarán sobre
dentro de él. No elegimos todas las para preguntarnos qué estamos sembrando. nuestra presencia en este mundo. Y acaso allí
cultural y moral de
circunstancias de nuestra vida, pero Porque el legado no se construye al final de la resida una de las verdades más profundas de la
quienes la
sí elegimos la manera de enfrentarlas. vida, sino que se construye durante ella. Cada condición humana, que de nuestra breve per-
precedieron Y esas elecciones son las que termi- decisión, cada acto de coherencia, cada renun- manencia sobre la tierra, lo verdaderamente pe-
nan definiendo el relato que otros cia y cada compromiso forman parte de esa renne será nuestro legado.
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