Page 14 - 17 de mayo de 2026- La Razón
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LA RAZÓN OPINIÓN DOMINGO,
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17 DE MAYO DE 2026
#FUERADECONTEXTO 2 CLAUDIO ROSSELL ARCE
Raro es el padre, hoy, al que
no se le caen las babas por
su wawa, y mucho más si
hace monerías bonitas.
Entonces, nunca tan
oportuno el teléfono
inteligente, que no solo tiene
la cámara fotográfica lista,
sino que además permite
enviar la imagen resultante
a cuantas personas puedan
conmoverse con el chiquito.
Foto: Claudio Rossell Arce
SOCIOLOGÍA DE LA VIDA COTIDIANA 2 RICARDO V. PAZ BALLIVIÁN
El justo medio
a modernidad ha convertido al exce- viduo se autoexplota creyéndose libre. El re- contemporánea exige felicidad constante,
so en virtud. Vivimos en sociedades sultado es una vida hipertrofiada, hiperconec- éxito permanente, realización absoluta. La
donde todo parece exigir intensidad. tada, hiperproductiva, hiperinformada, pero tristeza, el fracaso o la pausa son percibidos
LProducir más, consumir más, opinar profundamente vacía. La paradoja es brutal, como anomalías. Pero el ser humano no está
más, exhibirse más, desear más, competir cuantas más posibilidades tiene el individuo hecho para vivir en una euforia continua.
más. El equilibrio ha dejado de ser una aspi- moderno, menos paz interior posee. Como advertía Sigmund Freud, la civilización
Ricardo V. Paz ración ética para convertirse, casi, en un signo Los excesos atraviesan todas las dimen- siempre implica tensiones, límites y renun-
Ballivián de debilidad. Y, sin embargo, quizás nunca siones de la existencia contemporánea. En la cias. Pretender eliminar completamente el
es sociólogo como ahora la humanidad había padecido economía, el consumo ha dejado de respon- malestar termina generando nuevas formas
con tanta claridad las consecuencias de vivir der a necesidades para convertirse en meca- de sufrimiento.
en los extremos. La sociología de la vida co- nismo de identidad. Thorstein Veblen ya ad- La sociología de la vida cotidiana permite
tidiana nos enseña que las grandes crisis his- vertía, a finales del siglo XIX, que las socie- observar cómo los excesos se normalizan si-
tóricas no solo se expresan en guerras, colap- dades modernas producen “consumo osten- lenciosamente. Jornadas laborales intermina-
sos económicos o revoluciones políticas, sino sible”, pues se compra no para vivir mejor, bles consideradas “compromiso”, adicción al
también en las pequeñas prácticas diarias, en sino para demostrar estatus. Hoy esa lógica teléfono interpretada como “conectividad”,
la ansiedad permanente, en el agotamiento se ha radicalizado mediante las redes socia- agresividad verbal confundida con “sinceri-
emocional, en la incapacidad de detenerse, les, donde la vida entera se convierte en ex- dad”, consumismo presentado como “éxito”.
en la pérdida de sentido. Allí donde la vida or- hibición. En la política ocurre algo semejante. Lo patológico deja de percibirse como tal por-
dinaria se desordena, la sociedad entera co- Los extremos ideológicos sustituyen la deli- que se vuelve colectivo. Pero los extremos no
mienza a fracturarse. beración racional por la indignación perma- solo producen infelicidad individual, también
Hace más de dos mil años, Aristóteles for- nente. El algoritmo premia la furia, no la re- erosionan la cohesión social. Una sociedad in-
muló una de las ideas más perdurables de la flexión. El adversario deja de ser alguien con capaz de moderación termina debilitando sus
filosofía moral, que la virtud se encuentra en quien se discrepa y pasa a ser un enemigo instituciones, sus vínculos y su estabilidad. El
el “justo medio”. El coraje, por ejemplo, no es moral que debe ser destruido. Hannah exceso de desigualdad destruye la confianza.
cobardía ni temeridad y la generosidad no es Arendt comprendió tempranamente que las El exceso de polarización destruye la demo-
avaricia ni despilfarro. La plenitud humana sociedades polarizadas son especialmente cracia. El exceso de consumo destruye el me-
consiste en encontrar un equilibrio racional vulnerables al autoritarismo, porque los ex- dio ambiente. El exceso de velocidad destruye
entre los extremos. No se trataba de medio- tremos destruyen el espacio común donde la capacidad de pensar.
cridad ni de tibieza, sino de armonía. La con- puede existir la política democrática. La pregunta decisiva para nuestra época
temporaneidad, sin embargo, parece organi- También las relaciones humanas padecen quizá sea esta: ¿puede una sociedad sobrevi-
zada exactamente al revés. El capi- esta lógica. Nunca hubo tanta comunicación vir cuando convierte todos los excesos en as-
talismo tardío, como lo describieron y, simultáneamente, tanta soledad. Émile piraciones? Tal vez el desafío contemporáneo
El equilibrio ha Zygmunt Bauman y Byung-Chul Durkheim llamaba “anomia” a ese estado no sea conquistar más cosas, sino recuperar
dejado de ser una Han, ha construido una cultura del donde las normas colectivas pierden capaci- la capacidad de medida. Saber detenerse. Sa-
aspiración ética exceso permanente. Bauman habló dad de orientar la vida social. La hiperindivi- ber limitarse. Saber distinguir entre intensi-
de una “modernidad líquida” donde dualización contemporánea ha producido dad y plenitud, ya que casi todo exceso ter-
para convertirse,
nada permanece y todo debe reno- precisamente eso, a individuos cada vez más mina devorando aquello que prometía satis-
casi, en un signo de
varse compulsivamente, mientras conectados digitalmente, pero más desvin- facer. Y acaso la verdadera rebeldía, en tiem-
debilidad Han, por su parte, describió una “so- culados emocionalmente. Incluso el bienes- pos de extremismos y desmesuras, consista
ciedad del cansancio” donde el indi- tar ha sido llevado al extremo. La cultura simplemente en volver a vivir con equilibrio.
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